top of page

Cómo se arma (y se pone a prueba) un árbol genealógico de lenguas

ree

Hoy vamos a estudiar cómo se arma (y se pone a prueba) un árbol genealógico de lenguas usando una estrategia bien concreta: mirar qué tan “básicas” son las palabras que coinciden entre idiomas. Lo vamos a hacer mediante el trabajo científico de Chen Baoya y He Fang (2004), sobre la estructura básica de la familia sino-tibetana (la familia donde suele ponerse al chino junto con lenguas tibeto-birmanas).



1) Qué problema quieren resolver

Cuando comparás lenguas, te encontrás con palabras parecidas. La pregunta es: ¿esas semejanzas existen porque son parientes (vienen de una lengua ancestral común) o porque hubo contacto (convivieron y se prestaron palabras)?


Mirá, esto es importante: no alcanza con ver “palabras parecidas”. Incluso si las similitudes parecen ordenadas, pueden venir de préstamos (palabras tomadas de otra lengua), no de herencia.


2) El debate de fondo (por qué hacía falta un método extra)

Ellos arrancan recordando dos posturas clásicas:


  • Una postura amplia (asociada a Li Fanggui) proponía una familia grande donde, además del chino y el tibeto-birmano, entrarían también kam-tai y hmong-mien. Parte de la motivación era que comparten rasgos como tonos (altura musical con la que se pronuncia una sílaba) y tendencia a

    palabras cortas.


La familia lingüística kam-tai, y en particular la lengua kam (también conocida como dong), posee un sistema tonal particular. Como ejemplo, se recomienda ver el video 'The Sound of the Kam / Dong language (Numbers, Words & Sample Text)', donde se escuchan números, palabras y un texto muestra. Esta grabación permite apreciar de forma práctica la melodía y los sonidos de esta lengua.

  • Otra postura (asociada a Benedict) dice: ojo, esos rasgos pueden ser por área lingüística (zona donde varias lenguas se parecen por convivir). Entonces pide pruebas más duras:

    cognados (palabras heredadas) sustentados por correspondencias fonéticas regulares (reglas estables del tipo “este sonido acá suele corresponder a este otro allá”).


Hasta acá suena bien… pero ellos agregan un giro: el contacto también puede producir correspondencias bastante regulares. Por eso proponen una segunda prueba.


3) La idea principal: comparar “núcleo” vs “menos núcleo”

Acá viene el punto central del método.

Usan una lista tipo Swadesh de 200 ítems (vocabulario básico estándar). La dividen en dos capas:

  • Los primeros 100: lo más “núcleo” (lo más básico y resistente a préstamos).

  • Los 200: incluye esos 100 + otros 100 un poco menos resistentes.



¿Qué esperan según cada caso?
  • Si hay parentesco real (herencia), lo normal es que la señal sea más fuerte en las 100 (porque lo más básico se conserva más y se presta menos).

  • Si lo que hay es contacto (préstamos), suele aparecer relativamente más señal en las 200 (porque lo menos núcleo se presta con más facilidad).

En la práctica, esto significa que no solo miran “si coinciden”, sino dónde coinciden: en lo más básico o en lo menos básico.


4) Qué comparan exactamente: “morfemas correspondientes”


Ellos no cuentan parecidos “a ojo”. Buscan morfemas correspondientes (morfema = unidad mínima con significado; correspondiente = que encaja con una regla sistemática de sonidos entre lenguas).


O sea, el procedimiento tiene dos pasos:

  1. Armar correspondencias (con reglas fonéticas claras, no intuición).

  2. Ver la distribución por niveles (si esas correspondencias caen más en las 100 o en las 200).


5) “Distribución jerárquica”


Además de 100 vs 200, usan una idea de distribución jerárquica (qué tan extendida está una correspondencia entre subgrupos).

  • Si una correspondencia aparece en muchas ramas de un grupo, suele sugerir antigüedad (y por eso, herencia).

  • Si aparece solo en una zona o en pocas lenguas, puede ser más reciente (y ahí el contacto pesa más).

Esto sirve como “filtro”: no es lo mismo una coincidencia aislada que una coincidencia repartida por todo el mapa.


6) Resultados 1: kam-tai y austronesio sí parecen parientes


Cuando aplican el método a kam-tai y austronesio (por ejemplo, malayo/indonesio), la evidencia les sale con el perfil típico de herencia:

  • Las correspondencias no quedan encerradas en una sola lengua; aparecen de forma relativamente extendida.

  • El patrón general se comporta como si fueran cognados (herencia), no como préstamos locales.

Por eso aceptan una relación genética entre esos grupos y usan la etiqueta austro-viet para esa familia propuesta.


7) Resultados 2: chino vs kam-tai… no les cuadra como herencia


Ahora viene la parte especifica: ¿el chino se conecta con kam-tai como “familia”?

Ellos dicen que, aunque hay correspondencias posibles, el patrón 100/200 no les da como parentesco. Les parece más compatible con:

  • capas de préstamos (préstamos en distintos momentos históricos),

  • y mucha influencia por vecindad.

Conclusión de esta sección: con su criterio, lo chino–kam-tai se entiende mejor como contacto que como “mismo ancestro”.


8) Resultados 3: chino vs austronesio… tampoco alcanza (todavía)


También revisan propuestas de conexión entre chino y austronesio (por ejemplo, las de Sagart). Al pasarles el filtro 100/200 y el criterio de distribución, no ven una señal suficientemente sólida como para decir: “ok, esto es herencia segura”.

Entonces mantienen una postura prudente: no lo dan por probado.


9) ¿Dónde entra hmong-mien? Lo meten dentro, pero como separación temprana


Ellos sostienen que entre chino y hmong-mien sí aparece una señal que se comporta más como herencia: varias correspondencias se concentran en vocabulario muy básico.


Pero, al mismo tiempo, no lo juntan con kam-tai. Y acá usan un razonamiento bien directo:

  • Si hmong-mien estuviera firmemente emparentado con kam-tai y hmong-mien estuviera firmemente emparentado con chino, entonces chino y kam-tai deberían mostrar una relación clara.

  • Como su análisis no confirma chino–kam-tai, prefieren no usar hmong-mien como “puente” para forzar esa unión.


Resultado: hmong-mien quedaría como una rama muy temprana dentro del conjunto que proponen.


10) Chino y tibeto-birmano: acá sí les sale el patrón de parentesco


Cuando aplican el mismo método a chino y tibeto-birmano, el patrón les parece el esperado para herencia:

  • la señal se concentra más en el vocabulario núcleo,

  • y encaja con la idea tradicional de “sino-tibetano” como familia.


11) El árbol que proponen (en español simple)


Con todo lo anterior, proponen que la familia sino-tibetana, en su forma básica, incluye tres ramas:

  1. Chino (sinitico)

  2. Tibeto-birmano

  3. Hmong-mien (miao-yao)


Y el orden de separación sería:

  • primero se separa hmong-mien,

  • después se separan chino y tibeto-birmano.


Mientras tanto, kam-tai + austronesio quedarían en otro grupo (austro-viet), sin unirse todavía de forma demostrada a ese árbol de tres ramas.


12) Con qué se quedan (y qué falta)

Este tipo de pruebas ayuda a no confundir:

  • parecido por contacto con

  • parecido por herencia.

¿Y qué faltaría para unir todo en una superfamilia más grande? Más correspondencias realmente firmes (con reglas claras), que además muestren el patrón “fuerte en el núcleo” y una distribución amplia.




Comentarios


bottom of page